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El milagro de las cooperativas

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Verde Moscú Gema Luque cooperativas andaluzas

La moda sostenible es el concepto en torno al cual trabaja la cooperativa Verde Moscú

Además del año en que España batió todos los récords de desempleo, 2012 también fue -según la ONU- el Año Internacional de las Cooperativas. Aunque parezca increíble, en esos 12 meses la destrucción de empleo en las cooperativas de trabajo españolas fue seis puntos inferior respecto al resto de fórmulas jurídicas. Poniéndolo en positivo: sólo en el primer semestre de 2012, el empleo en las cooperativas de trabajo se multiplicó por dos respecto al mismo periodo del año anterior. A continuación combinamos datos y testimonios para esbozar los motivos de este milagro.

Nos hallamos en el territorio de eso que se conoce como economía social, y que en la Unión Europea ya está empleando a más de 14 millones de personas. Según datos recogidos en el informe ‘La Economía Social en la Unión Europea’, elaborado por el Comité Económico y Social Europeo, 1,2 millones de esos empleos se han generado en nuestro país. No es de extrañar si tenemos en cuenta que en España existen más de 17.000 cooperativas de trabajo asociado. Ampliando aún más sobre el mapa y siguiendo el último informe estadístico publicado por CEPES Andalucía, descubrimos que en Andalucía y solo en cuanto a cooperativas, el número de puestos de trabajo registrados asciende a 45.359. Sevilla es la provincia donde más empleo de este tipo se genera, concretamente un total de 10.732 puestos de trabajo.

Pero al margen de estas cifras destacables, ¿por qué habríamos de considerar la economía social como una buena alternativa en medio de la crisis? Lola Sanjuán, miembro del consejo rector de la Federación Andaluza de Empresas Cooperativas de Trabajo (FAECTA), ve en esta fórmula “una gestión diferente de los recursos humanos y económicos” y, por tanto, “otra forma de hacer empresa”. Para explicarlo, ella se basa en el hecho de que “la mayoría de los cooperativistas somos dueños, lo que garantiza que se reduzcan los gastos superfluos y solo se recurra al despido como última opción”. En Andalucía, del total de trabajadores de este ámbito, más del 66% tiene un contrato indefinido. Además, tres de cada cuatro personas que trabajan en estas empresas lo hacen a tiempo completo. Por tanto, al hablar de datos positivos de empleo vinculado a cooperativismo, no solo hablamos de cantidad, sino también de calidad. 

En Andalucía, del total de trabajadores en cooperativas, más del 66% tiene un contrato indefinido. Además, tres de cada cuatro personas que trabajan en estas empresas lo hacen a tiempo completo.

Según Lola, la apuesta en Andalucía por una alta cualificación de los empresarios en este sector, con una gran especialización de las gerencias y los puestos ejecutivos, es uno de los factores que hace posible esa estabilidad del empleo. Además, aspectos del funcionamiento económico de las cooperativas, como la creación de un Fondo de Reserva Obligatorio, “impide que la actividad empresarial se reduzca al reparto de beneficios”. Más bien al contrario, gracias a su estructura se crea una suerte de “hucha común”, como la define Lola, “que se traduce en un ahorro necesario en coyunturas tan difíciles como la actual”. De ahí que las cooperativas estén aguantando mejor los embates de la crisis. Y no solo eso, sino que inciden de forma positiva en colectivos que, por lo general, se hallan con más dificultades a la hora de acceder al mercado de trabajo.

Uno de esos grupos es el de las mujeres, a las cuales se destina un 45% de los empleos generados por la economía social andaluza. Asimismo, según destaca Lola, las empresas cooperativas son “muy raras” en relación al resto, ya que es frecuente en ellas que la mujer ocupe los mandos intermedios y gerenciales. “Además, al llevar nosotras la gestión de estas entidades, facilitamos la conciliación y la corresponsabilidad, porque conocemos esa experiencia laboral y familiar”, explica. Como presidenta de la Asociación de Mujeres Empresarias Cooperativistas de Andalucía (AMECOOP), Lola sabe de lo que habla. “En esta tendencia se unen la alta cualificación de las mujeres que se han incorporado en los últimos años al mercado de trabajo, y las políticas que la Junta de Andalucía viene dedicando al emprendimiento femenino“, asegura, “las cuales suponen un importante sustrato a la hora de visibilizar nuestras capacidades empresariales”.

Buen ejemplo de la presencia de la mujer en las cooperativas es Maite, que junto a dos compañeros forma La Extravagante. Este proyecto, cuyo componente más visible es la librería homónima, surgió hace cuatro años como cooperativa con el asesoramiento de la Escuela de Empresas ‘Estrategias’, situada en la sevillana Alameda de Hércules, donde también se ubica La Extravagante desde entonces. “Descubrimos que nuestros principios ideológicos encajaban con algo parecido al cooperativismo”, cuenta Maite, “aunque ni siquiera lo conocíamos como fórmula empresarial”. Pasados tres años desde su apertura como negocio, La Extravagante ha crecido recientemente. De forma literal, por una parte, ya que ahora su sede es más amplia. Pero también ha crecido el proyecto cultural, y ahora la librería acoge numerosas actividades como clubes de lectura, talleres (para adultos y niños) de escritura creativa, fotografía, cine clásico… “Nos gustaría acercar los entresijos del mundo del libro a los consumidores”, comenta Maite, “porque a veces parece que solo nos importan los autores. Sin embargo, en la cadena del libro también hay editores, críticos literarios y por supuesto, libreros”.

La Extravagante libros cultura Sevilla cooperativas

Nuevo local de La Extravagante, librería y proyecto cultural compartido

Pero, ¿cómo una pequeña cooperativa de tres socios ha dado el salto para cambiar de local y ofrecer una programación cultural estable? “Hemos evolucionado gracias a que la propia Ley de Cooperativas Andaluzas lo ha hecho”, apunta Maite. En efecto, en su última versión la ley permite hacer socios a los consumidores (y no solo a los trabajadores, como hasta ahora), lo que ha posibilitado a La Extravagante “crear una estructura de fidelidad y de consumo responsable” por la cual han hecho socios a sus clientes habituales. “No es que les demos una tarjetita como en la FNAC”, aclara Maite, “sino que entran a formar parte incluso de la estrategia empresarial. Es decir, que pueden considerarse también dueños de la librería”. Además, la nueva ley incorpora la figura del socio inversor, que en La Extravagante han aprovechado para impulsar el proyecto cultural: “Hemos logrado que mucha gente haya invertido un pequeño capital con un compromiso mínimo de tres años, así que lo consideramos más un micromecenazgo cultural que otra cosa”.

Pero esas no son las únicas novedades que ha traído consigo la Ley de Sociedades Cooperativas Andaluzas 14/2011, de 23 de diciembre. En general, con ésta última se ha buscado la adaptación a la nueva realidad socioeconómica, favoreciendo el funcionamiento y la flexibilidad de estas empresas en cuanto a organización, relaciones con otras entidades y con las administraciones, y acceso a financiación. A la hora de formar una cooperativa, por ejemplo, ya no es necesario un capital social mínimo, ni tampoco la intervención notarial. Se admite cualquier instrumento de financiación existente y, como ya se ha visto, se facilita la incorporación de socios. Además, con la nueva ley se fomenta la cooperación empresarial, mediante la creación de Grupos Empresariales Cooperativos. Por último, hay muchas novedades y ventajas según el ámbito; en el caso de las cooperativas de vivienda, un tema de enorme actualidad, se prevé la creación de un listado de personas solicitantes de vivienda en régimen cooperativo.

Con la nueva Ley de Cooperativas Andaluzas se ha buscado la adaptación a la realidad socioeconómica, favoreciendo la flexibilidad de estas empresas y el acceso a financiación.

Aunque ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos. Para Manu, de la cooperativa Verde Moscú, “la legislación está muy orientada hacia el trabajo autónomo y nos hemos visto con problemas para la facturación y los pagos del IVA”. No obstante, él y otros dos jóvenes socios decidieron constituirse como cooperativa, hace apenas cuatro meses, “por convencimiento, ya que es el modelo que consideramos más justo, más democrático y también el que puede resultar más eficiente como alternativa a la economía actual”, afirma. Sin embargo y aunque “para otro tipo de empresas puede ser ventajoso funcionar como cooperativa, por estar más protegidas”, admite que en su caso no ha resultado una opción especialmente práctica. ¿Y qué tipo de negocio es ése por el que han apostado para montar una cooperativa?

Verde Moscú es, en primer lugar y desde su inauguración a mediados del pasado diciembre, una tienda dedicada a la moda sostenible. Un término que se traduce en el uso de materias primas de origen natural y ecológico, frente a los tejidos acrílicos y sintéticos; y, dentro de las materias primas naturales de gran impacto como el algodón, aquellas que tengan certificados ecológicos (que consuman menos agua, no requieran pesticidas ni fungicidas…). Además, la ropa que se puede encontrar en Verde Moscú es fruto de lo que Manu define como “sostenibilidad social”: los procesos de la cadena de producción de las prendas han de estar libres de explotación, de trabajo en condiciones no dignas, de trabajo infantil y “todas esas malas prácticas que nos llegan a menudo en forma de noticias sobre el sector textil”. Al margen del punto de venta ubicado en la calle Regina, del que solo esperan “generar unos primeros ingresos”, como cooperativa pretenden elaborar líneas de investigación y promoción en torno a ese concepto de moda sostenible.

Como vemos, la juventud no está reñida con el cooperativismo, que ya no se asocia en exclusiva a sectores tradicionales. “Incluso cuando hoy día se habla de cooperativismo agrario, en realidad podría decirse que es más bien urbano”, señala Lola Sanjuán, “porque se nutre de lo que se estudia en las facultades”. De hecho, casi el 45% de quienes trabajan en empresas andaluzas de economía social tiene entre 25 y 39 años, lo que consolida a esta fórmula como una de las mejores maneras de desarrollar el talento profesional. En opinión de Lola, este hecho puede deberse a que “el cooperativismo se rige por valores netamente democráticos, que son intrínsecos -o al menos deberían serlo- a la juventud. Y qué hay más natural que aplicarlos en nuestro entorno más cercano”.

Eso es lo que Lola define como “el ADN del cooperativismo”. Y es que, para montar una cooperativa, se requiere “mucho esfuerzo pero poco dinero. Apenas 300 euros tuve que poner yo para constituir la mía”, recuerda. También es cierto que quien funda una cooperativa “quiere trabajar, no hacerse rico”. Por eso ella defiende que, más que el capital, “lo importante son las personas y las ideas que hay detrás de un proyecto”. Lo raro es que no seamos más quienes estemos convencidos de ello.

2 Comentarios

  1. salvador ruiz gutierrez

    mucho agradeceré me envíen información relacionada con la economía social y solidaria. gracias